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Sí, ya sé que estoy abriendo la caja de Pandora con este debate, pero no he podido resistir la tentación. Y es que yo misma no puedo decidirme. Con cebolla está rica, pero sin ella… también. Parece mentira que un plato tan simple y sencillo pueda resultar tan apetitoso. Fíjate que hablamos de una delicia culinaria que destaca incluso en este país, en el que la gastronomía es sin duda una de las mejores y más completas del mundo. Y ahí aparece la humilde tortilla de patatas a levantar pasiones. La versión básica es sólo eso: patatas, huevo, un chorro de aceite y un poco de sal, pero no tenemos que quedarnos restringidos a ella. Porque la humilde tortilla, además, admite casi cualquier variación que se te ocurra. Hasta hay gente que la toma para acompañar al café con leche. Mucha gente. En serio. No, eso yo tampoco lo entiendo. Pero vamos, que me voy por las ramas. La tortilla de patatas, además de la cebolla, que también hay gente que dice que no, por favor, no lo comprendo tampoco, admite de buen grado distintas y variadas verduras. Pimientos, por supuesto, espárragos trigueros, ajos tiernos… Ah, he mencionado los pimientos. Si hay algo más rico que la tortilla de patatas es la tortilla de patatas con pimientos. ¿Y qué tal en bocadillo? Ya, es verdad que con la operación biquini a la vuelta de la esquina no es la mejor opción para menú diario, pero bueno, un día es un día. ¡Que nosotros lo valemos! En Madrid es frecuente también la tortilla de patatas con salsa brava que, para quien no la conozca, es una riquísima salsa de tomate picante que también se le pone a las también madrileñas patatas bravas. Si vais por allí, no dejéis de probar las dos cosas. Ya, aquí también tenemos, pero aquélla es la original. En algunos sitios, he de decir que tienen especial maldad, así que no la pruebes sin la bebida cerca, por si acaso. Fijaos si la tortilla de patatas es necesaria en esta vida, que incluso en la Guerra Civil y en la posguerra se quitaban el hambre con ella (bueno, o lo intentaban) por medio de una tremenda versión sin huevo y hasta sin patatas. ¿Que cómo lo hacían? Pues el sucedáneo de patatas lo sacaban de las mondas de naranja y el huevo era un pastajillo a base de harina y agua, con un poquito de colorante para darle mejor aspecto. Triste, ya. Y no sé si lo sabéis, pero en La Cantina del Puerto hacemos unas tortillas de patata estupendas. A media mañana, un pinchito de tortilla, en mi caso con una caña mejor que con un café, es lo que mejor entra. Hay días que se salvan gracias al pincho de tortilla y la caña de media mañana. Pues vente, ¿no? ¿Qué puede haber mejor, y encima con vistas al mar? Si no quieres perderte ninguna de nuestras promociones, síguenos en Facebook.

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